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¿Cuál es el marco jurídico?

El marco jurídico del euro a nivel comunitario está formado por dos reglamentos.

El primero de ellos, Reglamento (CE) 1103/97, es de 17 de junio de 1997 y establece:

1. La conversión del ecu en euro en relación 1 x 1
2. La continuidad de los contratos
3. Las denominadas normas de conversión y redondeo.

El segundo Reglamento debe ser aprobado en el Consejo Europeo de mayo. No obstante, fue publicado el 7 de julio de 1997 como anexo a la Resolución del Consejo de esa fecha (97/C 236/04). El Reglamento está a la espera de la decisión definitiva respecto a los Estados participantes. En él se establecen, fundamentalmente, que

1. El euro es la moneda de los estados participantes.
2. La moneda nacional es una simple subdivisión no decimal (y temporal) del euro.
3. El euro no altera la moneda del contrato.
4. Que no obstante la moneda del contrato se podrá pagar o cobrar en euros o moneda nacional.
5. La fecha de circulación de las monedas y billetes en euros.

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¿Cuál va a ser el tipo de cambio?

En el Consejo Europeo del 3 de mayo 98 se anunciaron los tipos de conversión bilaterales (Pta/DM, Pta/FF, FF/FH, etc.) entre los países que accederán a la tercera etapa de la UEM. Algunas de estas paridades centrales contra la peseta son:

1 franco belga

4,12462

1 marco aleman

85,0722

1 franco francés

25,3654

100 liras italianas

8,59313

1 florín holandés

75,503

1 marco finlandés

27,4842

100 escudos portugueses

82,9929

1 chelín austríaco

12,0918

1 libra irlandesa

211,267

Los tipos bilaterales anunciados son los correspondientes al momento de la introducción del euro, es decir a 1.1.1999. Desde el momento de su anuncio (mayo) hasta el último día de cotización de las monedas nacionales entre ellas (31.12.1998), las paridades seguirán oscilando, aunque es previsible que tiendan a los tipos decididos a 31.12.1998 en la medida en que sean creíbles y realistas.

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¿Cómo se efecturá la conversión?

Para la conversión se utilizarán 6 cifras significativas, es decir, un euro serán, por ejemplo, 164,052 pesetas ó 39,2501 francos belgas (seis cifras en ambos casos). Estos cambios serán los que deberán utilizarse para las conversiones (utilizando tres decimales) y el resultado redondearse a los céntimos de euro. .

Por ejemplo: 72.000 pesetas (con euro a 164,052) se convertirían en 438,885 euros, que, una vez redondeado, serían 438 euros y 89 céntimos (5 a 9 redondeo hacia arriba, 1 a 4 redondeo hacia abajo).

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¿Cuál va a ser el tipo de interés?

Lógicamente, los tipos de interés de las monedas integrantes del euro deberán coincidir sustancialmente en el momento de la fijación. Actualmente, el tipo de interés del marco (tipo repo) es del 3,30 % y el del Banco de España es del 4,25 %, diferencia que debe reducirse. La previsión es que el Bundesbank (banco central alemán) suba sus tipos de interés en los próximos meses hasta el entorno del 4 %. Por su parte, el Banco de España previsiblemente disminuirá el precio del dinero hasta ese entorno del 4 %. Una franja del 3,75 % al 4,25 % es la previsión en que va a situar los tipos de interés el Banco de España (aunque algunos apuestan por tipos algo más bajos).

No obstante, debe tenerse en cuenta que los tipos de interés a medio y especialmente a largo plazo no serán absolutamente idénticos. Existe un espacio para la diferencia entre los tipos de interés entre, por ejemplo, España y Alemania. Esa diferencia se basa en la diferencia de solvencia y liquidez entre ambos mercados. Estamos hablando, no obstante, de unos 10/15 puntos básicos (0,10 puntos porcentuales).

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¿Afectará a las empresas?

Nadie escapará al impacto del euro, ni empresas ni particulares. Lo que variará es el grado y el momento, pero el impacto existirá. Desde el 1 de enero de 1999, y durante un período de tres años, el euro tendrá «varios nombres», el propio (euro) y el de sus progenitores (peseta, marco, franco, etc.) y, como hemos dicho, «varias personalidades», es decir, hablar de 1 euro o de, por ejemplo, 164,052 pesetas será lo mismo.

Durante ese período, el principio que va a regir es el de no obligación no prohibición. Nadie estará obligado a utilizar el euro, pero tampoco nadie podrá prohibirlo. Sin embargo, su utilización desde el primer momento por parte de grandes empresas va a provocar una progresiva generalización de su uso durante el período 1999-2001.

El momento y el grado del impacto serán muy variables, pero llegará y, por tanto, la empresa debe empezar a evaluarlo. La empresa debe determinar su ritmo de aclimatación y cambio, ritmo que puede ser diferente para distintos departamentos de la misma empresa. Sin embargo, y esto es fundamental, la estrategia y el momento de los cambios deben decidirse lo antes posible. Prever y planificar son las claves del éxito para la empresa.

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¿Qué repercusiones tendrá el euro en el entorno de la empresa?

El euro comportará para la totalidad de las empresas:

Desde el punto de vista de las transacciones

a) Desaparición de los riesgos y de los gastos de cambio respecto a las monedas que integren el euro.

b) Neutralización de las presiones especulativas sobre la moneda, ya que el euro se sustentará sobre la primera economía mundial, tanto en términos de PIB como de comercio internacional.

c) Disminución de los costes de transacción y la simplificación de los trámites administrativos.

Desde el punto de vista del mercado:

a) Un aumento de la transparencia, que facilitará la comparación de precios al operar en una moneda común.

b) Un auténtico mercado único, al eliminar una de las últimas barreras para el libre comercio (seguirán manteniéndose, entre las más importantes, las diferencias fiscales, aunque ahí también habrá una fuerte presión para su convergencia; las culturales, cada vez menos evidentes; las lingüísticas, que se superan con la utilización del inglés como lengua franca internacional, y las diferencias en la legislación laboral).

c) Un incremento de la competencia en el área euro, pero también hacia afuera.

d) Menor coste financiero para las inversiones.

En definitiva, la empresa disfrutará de un entorno macroeconómico más estable, con baja inflación, bajos tipos de interés y capacidad limitada de la administración pública de recurrir a la deuda como instrumento de financiación.

El que este entorno sea positivo o negativo para la empresa dependerá de la propia empresa. En efecto, las empresas cuya competitividad dependa fuertemente del tipo de cambio de la peseta perderán ese recurso. Las mejoras de competitividad estarán ligadas a las mejoras de productividad, eficiencia, calidad y servicio al cliente.

Por último, la adaptación al euro supondrá unos costes para la empresa, aspecto éste que no debe ser pasado por alto en ningún caso.

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¿Cuándo debe actuar la empresa?

Como ya hemos comentado, la estrategia y la decisión del momento dependerán de las características de cada empresa, del sector y del entorno. Y no necesariamente toda la actividad de la empresa debe pasar al euro en el mismo momento, aunque a efectos prácticos lo más operativo pueda ser el paso total. La estrategia de la empresa puede ser, por tanto, de anticipación, con objeto de aprovechar las oportunidades desde el primer momento, o bien de espera, con objeto de aprovechar la experiencia de otras empresas y de tomar la decisión con más conocimiento. Sin embargo, conviene destacar que la estrategia de espera puede ser más o menos dilatada y progresiva, desde una espera de unos meses hasta esperar al último momento, lo que, en general, no sería aconsejable con objeto de evitar cuellos de botella.

Lo que es absolutamente ineludible para la empresa, ya hoy, es plantearse la estrategia a seguir (de anticipación o de espera) y tomar la decisión con el máximo de información disponible. La empresa puede decidir demorar la transición, pero la decisión debe ser una decisión plenamente evaluada y reflexionada.

En cualquier caso, la elección de la empresa dependerá de una serie de factores, algunos de ellos de índole general o externos y otros de índole particular o internos.

Entre los factores internos conviene destacar:

a) La dimensión de la empresa

A mayor tamaño de la empresa mayor necesidad de anticipar la conversión al euro. En el caso de las PYME, la dosificación del proceso, con el adecuado asesoramiento externo, facilitará la adaptación de todas las áreas de la empresa, manteniendo el nivel de servicio a los clientes.

Un correlato de la dimensión es el ámbito de actuación. Las empresas que actúan en mercados locales o regionales pueden esperar a adaptarse al cambio.

b) El sector de actividad

Gasolineras, restaurantes, etc., tendrán un fuerte impacto, pero en la última etapa de la transición cuando empiecen a circular monedas y billetes bancarios (como más tarde el 1 de enero del 2002, aunque puede ocurrir que esta etapa se inicie entre marzo y setiembre del 2001). El sector turístico es un caso distinto, puede esperar para preparar su gestión de efectivo, pero sus relaciones con los tour operators probablemente sean en euros mucho antes. El sector del automóvil probablemente empiece a utilizar el euro desde el principio, forzado por las grandes empresas automovilísticas. Pero es imposible generalizar, incluso dentro de un mismo sector, por lo que resulta fundamental que las empresas empiecen a averiguar qué ocurrirá con sus proveedores y clientes.

Un sector a destacar es el comercio. El comercio será uno de los pilares básicos para la aceptación del euro por el consumidor y las administraciones van a insistir en ello. La fecha límite a retener por los comercios es el 1.1.2002, la de la introducción de billetes y monedas en euros. Durante un período máximo de 6 meses deberán hacer frente a la convivencia de dos monedas, para lo que deberán preparar a su personal, adaptar los cajeros y establecer los mecanismos suficientes de información al público (precios duales, folletos informativos, tablas de conversión, servicios de atención al cliente, etc.). Naturalmente, los comercios deben haber preparado el cambio con la suficiente antelación.

c) El grado de apertura al exterior

Evidentemente, cuanto mayor sea la apertura al exterior de una empresa mayor será su necesidad de adaptarse al euro en los primeros momentos.

Entre los factores externos podemos citar:

a) El comportamiento de los clientes

Será relevante valorar la conveniencia de actuaciones dirigidas a su fidelización y a la máxima satisfacción de sus necesidades. Como comentábamos anteriormente si el cliente es SEAT, habría que empezar a plantear rápidamente qué debe hacerse.

b) El comportamiento de los proveedores

La empresa deberá valorar si será posible acceder a una mayor oferta, básicamente producida por la mayor transparencia del mercado, por una mayor homogeneización de precios y por la supresión de los costos derivados de los tipos de cambio. El cambio al euro puede facilitar ese acceso a una mayor oferta.

c) La estrategia de la competencia

Conviene tener en cuenta que la mayor homogeneización de precios y la supresión de los costes de cambio permitirán que la competencia entre empresas refleje mejor las diferencias de competitividad e innovación.

Tampoco son factores a desconsiderar: el nivel de preparación de los empleados y la evolución de los comportamientos de compra o el entorno legal (por ejemplo, las normas de amortización de los gastos en los que se incurra).

En definitiva, las empresas de ámbito local o regional, con poca relación con grandes clientes y proveedores y con comercio exterior poco significativo, pueden esperar a adaptarse al euro y aprovechar la experiencia previa de aquellas empresas que hayan actuado más rápidamente.

Por el contrario, empresas con importante relación con otras empresas de la zona euro o que sean proveedores o clientes de grandes empresas europeas deben empezar a pensar en una adaptación al euro de manera inmediata.

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¿Cuáles serán las repercusiones del euro en el interior de la empresa?

Como ya hemos comentado, el euro acabará afectando en mayor o menor medida, antes o después, toda la actividad de la empresa. Aquí nos limitaremos a mencionar algunos de los aspectos más significativos de cada área:

En el área financiera aparecerán mayores posibilidades de inversión y obtención de recursos. Las empresas con necesidad de financiación externa podrán obtenerla a un coste inferior y en un mercado más amplio. Las empresas con excedentes de tesorería tenderán a tomar posiciones de mayor riesgo con objeto de aumentar la rentabilidad.

El área de marketing deberá revisar la política de precios, como consecuencia de la mayor transparencia, y si existen precios psicológicos deberán replantearse (una camisa a 4.999 pesetas es un ejemplo de precio psicológico).

Por lo que respecta al área administrativa y contable, la empresa puede tener que hacer frente a pagos y cobros en euros desde el 1.1.1999.

En cuanto al área fiscal y legal, deberá plantearse la conveniencia de introducir cláusulas específicas en aquellas operaciones en pesetas con países fuera de la zona euro con objeto de asegurar la continuidad de los contratos.

Naturalmente, el área informática deberá revisar las aplicaciones para que puedan soportar el euro, incluyendo decimales por ejemplo.

Por último, el área de recursos humanos deberá empezar a considerar la formación de los empleados para evitar errores y confusiones, así como empezar a prepararlos para una nómina con igual valor pero con menos dígitos.

Queda claro que la dimensión de la empresa (y, por tanto, su nivel de complejidad), el nivel de externalización de algunas de sus actividades (contabilidad, por ejemplo) o el nivel de estandarización de sus aplicaciones informáticas determinarán una aproximación diferente a cada una de las áreas mencionadas. Así, si se utiliza un programa de contabilidad estándar, habrá que asegurar que el proveedor suministrará a tiempo un actualización del programa capaz de tratar el euro, pero si la empresa utiliza un programa a medida, las implicaciones y conexiones de la aplicación pueden no ser tan evidentes.

Debe tenerse en cuenta que en los momentos finales de la etapa de transición pueden existir problemas en los suministros de determinados servicios (por ejemplo los informáticos) motivados por el exceso de demanda.

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¿Qué debe hacer la empresa?

La empresa debe definir lo más pronto posible una estrategia de adaptación, intentando que las consecuencias del euro sean lo más favorables para la propia empresa.

Las etapas más importantes en la definición de la estrategia serían:

1) Reunir información y analizar sus efectos sobre la empresa

A este respecto, es importante destacar que el nivel de información es, ya hoy, muy abundante y que a medida que se avance en el proceso la información se multiplicará. Para gestionar toda esta información es importante designar a alguien en la empresa (un euro responsable). En función del tipo y características de la empresa, esta persona-euro puede acabar coordinando un equipo con dedicación a tiempo completo o puede simplemente limitarse a mantener contactos esporádicos con Cámaras de Comercio, entidades financieras, administración, etc., con objeto de recoger la información más significativa, analizarla y vehicularla dentro de la empresa. En cualquier caso es importante que sea una persona cercana a la dirección de la empresa.

2) Establecer unos objetivos y las acciones encaminadas a conseguirlos

A partir de la estrategia general (anticipación o espera) determinar los objetivos a conseguir y su planificación. No olvidemos que la planificación es fundamental. Además, estos objetivos deben estar adecuadamente presupuestados.

3) Seguimiento y control de los resultados

A medida que el proceso vaya avanzando puede ser necesario adelantar o posponer algunos de los objetivos. Para ello es fundamental un seguimiento basado en la propia experiencia y en la reacción de clientes, proveedores, competencia, etc.

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