Consultor

Hace aproximadamente diez mil años tuvo lugar una de las más importantes revoluciones científico—tecnológicas en historia de la humanidad: el descubrimiento del ciclo biológico de las plantas y el consecuente invento de la agricultura. Este hecho trascendental permitió que numerosos grupos humanos que hasta entonces habían llevado una vida nómada pudieran establecerse definitivamente y dispusieran de un poco de tiempo libre, elemento indispensable para el desarrollo de las capacidades intelectuales y artísticas del individuo.

Así, en las márgenes de los ríos y lechos acuáticos florecieron las primeras poblaciones. Las características geográficas de cada lugar, así como el tipo de bienes o satisfactores que había al alcance, fueron perfilando el desarrollo de cada comunidad. Al entrar en contacto unas con otras, encontraron en muchos casos que sus vecinos producían en abundancia algunos bienes que ellos no tenían y, a su vez, carecían de otros que ellos producían en exceso. Quizá fue la guerra el primer sistema que se empleó para apropiarse de las riquezas ajenas; pero cuando las relaciones de fuerza entre dos comunidades resultaban muy equilibradas, se tuvo que idear un sistema menos violento, aunque mucho más eficaz para intercambiar sus bienes: el comercio

Ir al inicio de la página