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Al generalizarse el uso de las monedas metálicas, surgieron los antecesores de los banqueros: los cambistas.

Grecia
Entre los griegos, los cambistas (llamados trapezitai, porque para trabajar instalaban en los mercados una mesa en forma de trapecio) no se limitaban a examinar y cambiar monedas, sino que también solían aconsejar a sus clientes en los negocios, recibir sus depósitos, efectuar pagos en su nombre y conceder préstamos. 

Poco a poco, los trapezitai más ricos abandonaron la mesa y formaron instituciones crediticias privadas, añadieron a sus funciones tradicionales la realización de operaciones de crédito entre distintas ciudades, para evitar el traslado de efectivo. Una clase muy usual de préstamos eran los llamados "a la gruesa", que se destinaban al transporte marítimo y en los cuales se llegaba a pactar una tasa de interés hasta del 30%. 

Imperio Romano
Los romanos heredaron las técnicas bancarias desarrolladas por los griegos. Sus cambistas eran los argentarii, prósperos hombres de negocios en quienes se empezaron a perfilar las características de los banqueros propiamente dichos. Estos banqueros llegaron a adquirir un poder tan grande que, en numerosas ocasiones, el Estado se vio obligado a tomar medidas para controlarlos. La ley Onciarum Foenus se promulgó para limitar el interés que los cambistas podrían cobrar por otorgar un préstamo; la tasa inicial fue del 12%, pero sufrió numerosas modificaciones, llegando a bajar hasta el 4% en la época del emperador Augusto. Asimismo, el Estado romano realizó por su propia cuenta operaciones bancarias, como conceder préstamos a los ciudadanos mediante funcionarios que recibían el nombre de Viri monetari; y, aunque nunca llegó a monopolizar la banca, si logró mantener un control bastante estricto sobre las actividades de los argentarii.

Imperio Bizantino
Tras la caída de los romanos y el subsecuente caos europeo, el único Estado fuerte que subsistió fue el Imperio Romano de Oriente o Imperio Bizantino. El hábil manejo de su economía permitió que su moneda, el bezante, fuera la más sólida y confiable de Europa. Los principios de la banca y el uso de notas de crédito eran bien conocidos por los cambistas bizantinos, que otorgaban prestamos a tasas de interés moderadas e, incluso, desarrollaron los seguros para proteger la navegación.

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