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Con la palabra monética sucede lo que con otros términos: un buen día surgen para calificar algo que ya existía pero que carecía de un nombre específico. Ejemplo de ello es el concepto de banca central. Si bien esta empezó a conformarse desde cl siglo XVII, no fue sino hasta 1928 cuando C.H. Kish y W.A. Elkin acuñaron el vocablo en su obra Central Banks. Un ejemplo más reciente es la informática, voz propuesta por Philippe Dreyfus en 1962 para significar el tratamiento automático de la información y que en 1966 fue aceptada por la Academia Francesa. 

La moneda escritural también surgió antes que su nombre. El término fue acuñado por el economista belga Maurice Ansiaux. Esta moneda, a diferencia de las demás, no se materializaba en una pieza metálica ni en un billete, sino que estaba constituida por las cifras inscritas en las cuentas de los particulares en los bancos, lo cual permitía sustituir la entrega de moneda por un simple juego de escrituras.

La monética se ocupa básicamente del estudio de las tarjetas de crédito creadas antes del concepto y en términos más generales, del estudio de la moneda como instrumento de pago (no considera sus funciones como intermediaria en los cambios, medida común de valor y depositaria de éste). El concepto monética lo registró la empresa Sligos.

La historia de la moneda registra que entre las llamadas monedas mercancía (mercancías que por sus características también cumplieron funciones de moneda) destacan los metales preciosos, los cuales cubrieron un período particularmente prolongado en usos monetarios hasta que surgieron las monedas de papel. Estas, en un principio, tuvieron un carácter subsidiario respecto de las metálicas, pero, después de 1914 se constituyeron en las únicas dotadas de curso legal y poder liberatorio ilimitado, características que perdieron desde entonces las monedas metálicas.

De los diversos tipos de moneda que han surgido a lo largo de la historia, muchos se siguen empleando, sea porque cumplen bien su función (como la fraccionaria) o simplemente por costumbre. Pero, ha habido reacomodos en la importancia de cada tipo de moneda: los metales preciosos desplazaron a las demás mercancías; posteriormente, las monedas de papel sustituyeron a las metálicas, y en la actualidad las tarjetas de crédito como instrumento de pago le ganan terreno al papel moneda.

Cuando aparecen nuevos medios de pago siempre prevalece la misma preocupación: que sean de aceptación generalizada y de fácil manejo. A estos requerimientos se han agregado otros: que puedan emplearse en los ámbitos nacional e internacional; guarden una relación estrecha con el sistema bancario; ofrezcan seguridad contra robos y fraudes, y faciliten su integración al progreso técnico general. Entre los instrumentos de pago que cumplen con estos requerimientos destaca la tarjeta de crédito. 


La empresa Sligos se creó en Francia para proporcionar el conjunto de servicios y procesamientos informáticos al Groupement d'Intérê Économique Carte Bleue (Agrupamiento de Interés Económico Tarjeta Azul), el cual reúne a los cinco mayores bancos franceses que en 1967 crearon en forma conjunta la Carte Bleue en respuesta a las tarjetas estadounidenses que se habían establecido en Francia. Además de las actividades consignadas, Sligos representa en Francia a la empresa VISA. 

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